El escrito por Rafael Corral Díaz, nos comenta sus vivencias e historias con dos de sus halcones que ,al relatarlo, ha querido compartir con el resto de cetreros.Os dejamos el interesante documento para que lo podáis leer. Gracias.
LA NOBLEZA DE LOS HALCONES.
Rafael Corral Díaz
Ante el reto que supone tener delante un teclado y un folio en blanco, caben algunos recursos para defenderte de la incertidumbre que ello genera como puedan ser: utilizar la reflexión, la memoria o la imaginación; tirar de todo ello en beneficio propio e ir ganándole terreno al gran espacio inmaculado que supone el papel.
Dicen que la imaginación es la forma que tiene el cerebro de mostrarte las cosas a modo de imagen. Pienso yo que, además, la memoria no está nada carente de esa capacidad. Al menos, para mí la memoria actúa proyectando sobre la mente imágenes poderosas; tan poderosas que si, por, la fuerza en que se grabaron mediante el asombro, la admiración o cualquier otra circunstancia que imprimiera carácter al hipotético buril creador; quedaron grabadas de forma que permanecen en nuestro cerebro perfectamente vigentes y frescas aún con al paso de los años y cualquier momento es bueno para que estas afloren a nuestro presente.
Me retrotraigo a cierto momento en que la cetrería en España sufrió un duro revés, donde la administración decidió de golpe no autorizar más permisos de desnides como los había estado concediendo hasta el 1986 y dejó de buenas a primeras al colectivo cetrero totalmente desamparado a la hora de proveernos de algún ave para practicar nuestra preciada actividad.
Ocurrió que, como una balsa salvadora, en poco tiempo surgieron a la superficie de aquel mar de incertidumbres, aquellos siempre admirados para mí, primeros criadores que comenzaban a sacar algún producto tras muchos desvelos para poder criar en cautividad con el corto stop que suponía el propio plantel de aves que disponían para la caza.
Fueron estos siempre halcones, e impensables por el momento los accípiteres; y es por esta circunstancias que, los cetreros del Campo de Gibraltar, nos vimos en poco tiempo portando sobre nuestros guantes halcones y volándolos a palomas sobre una serie de altos cerros y colinas como corresponde a la fragosa orografía de la comarca; pero que es un terreno muy distante del idóneo para la práctica de cualquier tipo de halconería.
No es que de buenas a primeras todos consideráramos mejor la opción de tener halcones que azores o gavilanes, simplemente era lo que había disponible y a lo que había que adaptarse.
Aun así, algo de atrayente tenia aquello y, al final, todos contentos con enfrentarnos a aquel reto. Al menos yo, puesto que, mi primer halcón “Kika” que le puse de nombre, una bonita hembra de Baharí parental, a la que amansé de la forma más ortodoxa, con ceremonia de desvele nocturna y reunión de compañeros incluida, y amansada y adiestrada con el rigor de
aprendiz, se acopló perfectamente conmigo, dando como resultado una buena cazadora muy disciplinada y voladora.
Aún recuerdo como me deleitaba cuando, sobre aquellos terrenos abruptos, y cubiertos de vegetación arbustiva y otras veces arbórea, buscando siempre aquellas partes más claras y de mayor visibilidad, la ponía en vuelo. Entonces Kika, en vez de hacerlo a tornos y permanecer a la vista, se alejaba con decisión hacia un determinado punto, desaparecía entre colinas y vaguadas, para, al pasar un rato, dejarse ver venir a gran altura, remando fuerte y ganando más y más altura hasta ponerse en mi vertical en espera de ser servida.
Con este estilo efectuó numerosísimos lances con los que conseguía deleitarme constantemente y, dicho sea de paso, pese a la inapropiada naturaleza del terreno de vuelo, y de volarla solo con la ayuda de los cascabeles ( impensable la telemetría en aquellos años ) Estuvo en mi compañía por un espacio de ocho años. No es que no se perdiera, que lo hacía de vez en cuando, solo que, cuándo no la encontraba yo a ella, ella me encontraba a mí. Ambos conocíamos el voladero como la palma de la mano y era como decir aquello de “si no nos vemos, a tal hora en la salida “
Era bonito comprobar cómo en numerosas ocasiones me veía a mí mismo al terminar el día, andando ya casi sin ver sobre aquellas redondeadas colinas, moviendo el señuelo, y cuando ya desesperaba viendo irremediablemente cerrarse la noche ante mí, atisbaba a percibir una sombra que pasaba por mi lado a la altura de mis rodillas, al tiempo que un tintineo alegre de cascabeles amenizaba la sesión. Kika pasaba pidiéndome el señuelo. Pura emoción ¡
Más tarde recogí a “Lucas “un bonito torzuelo centroeuropeo de líneas muy elegantes y rápido y veloz como el solo.
Y si he mencionado antes como la memoria guarda imágenes poderosas, con respecto a Lucas, la que tengo grabada en mi retina es la de aquella tarde cuándo, después de haberlo musculado debidamente con ayuda del señuelo, llegó el día de soltarle su primera paloma.
Después de este haber tomado una altura aconsejable para dar la primera lección, le solté su traína. Ésta resultó ser una paloma entera y más fuerte de lo que aparentaba, con lo cual, el torzuelo, después de un corto en intimidatorio picado, se puso a la cola de ésta emprendiendo ambos un vuelo de persecución y huida lleno de cambios y filigranas en el aíre donde, ni la paloma despegaba, ni Lucas cedía un ápice de distancia.
Tomaron dirección a un perdedero y corrí cuánto me permitían mis entonces Jóvenes piernas. Cuándo culminé el monte, ya ellos bajaban la ladera opuesta en la misma dinámica, con la única y poco tranquilizadora novedad para mí, que la paloma puso en marcha una estrategia temeraria de escape: enfilar ni más ni menos que al morro del único coche que circulaba por la carretera secundaria que existía en la parte baja de aquella ladera.
Sospecho que, la inofensiva paloma, en su honesto interés de salvar el pellejo, no tuvo reparo alguno en que su mortal perseguidor se estampara contra el coche (algo nada reprochable teniendo en cuenta su circunstancia) Pero vamos, por válida y comprensible que fuera la estrategia de la paloma, a mí me puso de los nervios.
Temía yo por momentos que Lucas, cegado en su persecución se estrellase contra el coche mientras notaba como todos los vellos se me erizaban en la piel. ¿Quién dijo que este deporte no es emocionante?
Afortunadamente Lucas, aquel bello torzuelo que me fue ganando por días, además de rápido y ágil, demostró ser también de mente fría, y pude ver con alivio como efectuaba un quiebro oportuno para esquivar el vehículo y, considerando oportunamente aquel lugar como límite del terreno de vuelo, supo atender a la llamada de mi silbato y volver al señuelo que yo volteaba desde lo alto del cerro, por lo que pude recuperarlo, tras un gran susto, pero, eso si, ileso que era lo importante.

Lucas, torzuelo de halcón peregrino centroeuropeo tras su primera muda.
La parte triste es que, teniendo mi pareja de halcones; Kika que ya tendría seis años, debido a una nefasta intervención quirúrgica para curarle unos clavos contraídos, quedó con una mano inservible. Una verdadera Lástima, En ese tiempo en que el uso del astrotourf no estaba aún extendido, esta dolencia era muchísimo más frecuente que hoy en día.
Con todo el dolor que ello me proporcionaba, no en vano Kika había sido mi primer Halcón, pensé en principio dejarla para intentar criar con ella. Después lo pensé mejor y me dije que, por su buena trayectoria, se merecía continuar volando y que, aunque no pudiera cazar por sí misma, había una forma en que podría disfrutaría del campo; esto era volando en copla con el torzuelo Lucas.
Tal como lo pensé lo hice y, aunque, yo no había volado nunca en copla ni aún ninguno de mis compañeros que me hubieran servido de referencia. Siendo algo totalmente nuevo para mí, no dudé de ponerme manos a la obra. Tomando las debidas precauciones para evitar que se dieran brotes de agresividad entre ellos y pudieran causarse daño; pero no, al poco, comían cada cual en su señuelo tranquilamente uno cerca al otro sin que mostrasen signos de agresividad entre ellos.
Conviene aquí aclarar que, del mismo modo que algo atrás afirmo que las emociones fuertes son grabadas en la memoria quedando como una estampa, también es cierto que otras apreciaciones que retenemos de forma más ligera, permanecen también como parte de nuestro acervo cultural, pero, al menos en mi caso, de forma bastante más vaga.
Así que, aunque lo he leído en alguna ocasión, en esos momentos yo no tenía del todo claro por qué a los halcones se les denomina “Aves Nobles” Por una parte podrá ser por ser estos los preferidos por la nobleza en tiempos en que la cetrería estaba tan presente entre la clase noble.
Por otra, por esa característica tan admirable que tienen los halcones, en contraposición con los accipiteres, de no comer ni un ápice mientras no se aseguren de que su presa no le quede un hálito de vida y se cuidan muy mucho de fracturar pronto con su poderoso pico de forma magistral sus cervicales para aliviarles sufrimientos,
Digo en este punto que, lo libros pueden decir lo que digan; pero, a este respecto, yo llegué a una clara conclusión por lo que nunca más me asaltará una duda sobre esta precisa cuestión.
Nos trasladamos de nuevo al campo de vuelo. En este caso, mi guante es bastante más largo. En este caso porto dos halcones encaperuzados a la vez, una prima y un torzuelo. En este caso, van a ser descaperuzados uno tras otro y puestos en vuelo a la vez.
Una vez descubiertos y liberados de lonja y tornillos, emprenden el vuelo, el torzuelo más eléctrico, más ágil, más rápido. La prima más lenta, más fuerte, más segura.
El torzuelo remonta antes, mas vertical. La prima en tornos más amplios. El torzuelo más joven parece jugar. La hembra, adulta, guarda la compostura.
Pronto están posicionados; centrados y a buena altura. Es la primera vez que vuelan en copla y estoy contento; todo está saliendo bien y mi querida Brookey va a seguir disfrutando del campo y de colaborar con la caza. Sí, estoy contento y por eso voy a servir pronto. Por hoy es suficiente altura, ya habrá ocasión de ir mejorando.
Suelto la paloma y los dos, desde sus respectivas y distintas posiciones, atacan al unísono, Como era casi previsible, el torzuelo por rápido y ágil, se hace pronto con ella. (Quizá la adulta lo haya dejado actuar tomándolo por su pupilo) Lucas se hace limpiamente con su paloma.
Ahora viene, la parte inesperada. La parte que los humanos no solemos considerar de los animales; la demostración palpable de que poseen un alto psiquismo y hasta un alto grado de altruismo.
En el momento en que el torzuelo ha capturado y echado a tierra, yo, viendo a la prima llegar, le lanzo a ésta al señuelo encarnado con idea de que lo atrape y permanezca con alguna distancia del torzuelo ya que ha capturado y permanece sobre su presa.
De esta forma, tenemos a Lucas sobre tierra en una pequeña depresión luchando con su paloma, y a Kika, a unos quince metros arriba de la ladera que allí mismo nace sobre el señuelo en el que se dispone a comer.
Por un momento, Lucas, inexperto, no acierta a meter el pico adecuadamente para quebrar las vértebras de su presa y esta lucha por zafarse de su opresor.

Hembra de peregrino juvenil sobre señuelo ( Recreación )
En este momento, Kika que observa detenidamente la escena en la lejanía, efectúa algunos movimientos bajando y subiendo la cabeza y, abandonando el señuelo sobre el que está posada en tierra, levanta el vuelo dejándose caer con las alas extendidas ladera abajo, llega a donde el torzuelo Lucas, lo aparta suavemente, aplica su pico al cuello de la paloma y la sacrifica en el acto.
Creí sinceramente que en este momento, la prima guiada por un instinto egoísta, disputaría la presa al pequeño torzuelo y comenzaría a comer; a lo sumo que compartirían la comida, pero no, muy por el contrario, en un acto extremadamente generoso; Kika nada más terminar y dar por concluida la lección al inexperto halcón de cómo hay que matar antes de comer, emprende el vuelo cuesta arriba y se va a comer su comida fría del señuelo, dejando la paloma caliente para Lucas que era quien la había abatido y por lo tanto ganado.
A mi logró sorprenderme este comportamiento ¿a ustedes no? Puedo decir sin temor a equivocarme que todo esto permanece en mi mente como una bella sucesión de imágenes que se grabó a fuego como si de un pirograbado se tratara, como el daguerrotipo en la fotografía o como el óleo que se plasma en los lienzos de los mejores pintores impresionistas.
Grabado si, plasmado, también, pero no en esa parte considerada imaginación, no, sino en aquella parte donde la memoria guarda y conserva un bello archivo de cosas valiosas.
Desde entonces tengo muy claro escrito en mi memoria por qué los halcones se ganaron el honroso título de “Aves Nobles”.
Sin palabras. Grandisima y conmovedora viencia con estas maravillosas aves.
Gracias por compartir dicha vivencia y así animarme a conseguir las mías.
Fueron años difíciles para nuestro colectivo, lo digo por experiencia propia. Me gusta el relato… muy bien expresado.
Enhorabuena.
Muy, pero que muy bueno Rafael, que prosa más hermosa, para relatarnos tus vivencias cetreras,cuando las cosas se sienten con esa sensibilidad, las palabras y frases fluyen solas, y no hay que ser ningún profesor de lengua, para relatar con ese gusto nuestras experiencias.
Mis más sincera enhorabuena rafael