LA CETRERÍA MEDIEVAL EN DOÑANA.
Conferencia en la Casa de la Cultura del Rocío. 21/11/2014.
- Introducción.-
Cuando Antonio Peláez me invitó a dar una conferencia para estas IV Jornadas de Andalucía de Vuelo Bajo en Doñana pasó por mi mente la cuestión del famoso Halcón Neblí que tantas veces había oído hablar a algunos historiadores del antiguo Condado de Niebla. No me comprometi con Antonio hasta ver el estado de la bibliografía sobre la Cetrería en España; una vez vista y su abundancia, acepté su invitación y le propuse este título de “La Cetrería Medieval en Doñana”. Pero la historia del afamado halcón Neblí seguía presente en mi preocupación, descubriendo al poco la íntima relación entre el espacio Doñana y el halcón Neblí. Los datos obtenidos en la primeras investigaciones apuntaban ya que esta modesta exposición se iba a centrar en gran parte en la cetrería de halcones, es decir en la práctica histórica de la cetrería de Vuelo Alto; y espero del público general que asiste y de los organizadores me disculpen por no haberme centrado en un tema más acorde a la temática de estas presentes Jornadas de Vuelo Bajo. En este caso, ha sido la documentación histórica y la geografía la que ha determinado la elección del tema y su concreción.
La bibliografía sobre la cetrería española es extraordinaria desde todos los puntos de la ciencia, desde el Naturalismo, la Biología y la Veterinaria, como desde la Lingüística, la Literatura y la Historia. Dentro de esta producción bibliográfica nacional destacan la de los españoles José Manuel Fradejas Rueda y la de Javier Ceballos Aranda, lingüista e ingeniero de Montes, respectivamente. Pero también me sorprendió la extensión geográfica internacional de la práctica cetrera hoy día cuyo reconocimiento intercultural por la UNESCO (Foto nº 1) se produjo el 16 de noviembre de 2010 como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, con la importancia que este galardón conlleva para su protección y difusión. (Leer Documento nº 1).
- La Cetrería medieval en la península ibérica.-
Los investigadores Carmen Ferragud y Ricardo Olmos de León publicaron recientemente un magnífico y crítico resumen de la cetrería medieval. La cetrería, modalidad de caza en la que el hombre se vale de aves de presa adiestradas para capturar otros animales, se encontraba ya plenamente establecida en los territorios de la Europa Occidental en la Baja Edad Media. La captura de halcones, azores y gavilanes, su adiestramiento y cuidados, estaban lejos de ser tareas sencillas, y requerían una precisa formación. Incluso la propia acción de la caza requería experiencia para ser concluida con éxito. La necesidad de adquirir los conocimientos específicos de este de la caza con aves debió contar entre los motivos de la aparición y gran difusión de tratados de cetrería en la Baja Edad Media, en los que se recogían y exponían los diferentes aspectos relacionados con este arte, desde la alimentación y los cuidados médicos de las aves (primeros tratados, en latín) hasta la elección de las mismas, su adiestramiento y la caza propiamente dicha (tratados tardíos, en lenguas vernáculas). Además del recurso a los libros, el aprendizaje con otros cazadores o maestros debió ser la forma más habitual de adquirir los conocimientos necesarios y quizá la única antes del inicio de la importante producción de los tratados de cetrería, que tuvo lugar en el siglo XII, aunque, sin duda, el intercambio de experiencias entre cazadores debió siempre contribuir a la difusión de los conocimientos y a la evolución del arte de la caza con aves.
El adiestramiento de estas aves giraba en torno a una idea fundamental: el control preciso del hambre del ave. Una gran sensibilidad, experiencia y pericia eran necesarias para dosificar, en calidad y cantidad, el alimento que se proporcionaba al ave y lograr el estado óptimo para su manejo y para la caza. Por ello, para tener aves de cetrería y cazar con ellas, no bastaba con superar un proceso de aprendizaje, sino que se requerían unas cualidades personales muy particulares y una cierta habilidad natural, además de una inclinación a la caza, como pusieron de manifiesto los autores de los antiguos tratados de cetrería, entre ellos el Canciller Pero de Ayala.
Como todos sabemos la caza con aves en la Península Ibérica durante la Edad Media tiene una doble tradición.Los pueblos germánicos, en primer lugar los visigodos, trajeron el arte del Vuelo Bajo con azores y gavilanes, pero sin caperuza. Y a partir del siglo VIII se introdujeron otras aves cazadoras, las halcónicas, por las tribus norteafricanas que arrastraban la tradición árabe-persa que incluían la caperuza; de cuyo intercambio de experiencias mejoraron el arte y la práctica de la cetrería, entre cuyo especialidad se encontraba la práctica del Vuelo Alto. Los tratado de cetrería árabes, nos apunta la profesora María Isabel Montoya, clasifican las aves de presa en dos grupos: “los ojos amarillos son azor, gavilán, águilas y abutardas; y los ojos negros son las falcónidas, sacre, peregrino, laniero y esmerejón.
Quiero destacar que el término “cetrería” se acuña en la Edad Moderna, a partir del siglo XVI, antes era simplemente Caza con Aves o sólo Caza; pues la caza con aves era el “arte de cazar”, mientras que la caza mayor o montería era el “arte de venar”. Así se conocían durante toda la Edad Media estas dos especialidades cinegéticas. El origen de la propia palabra caza está totalmente relacionada y tiene su origen en la cetrería, que proviene de “cetrero” o “azorero”, los que practicaban el Bajo Vuelo. Los tratados en Europa sobre la caza con aves son primeros y más antiguos que los publicados sobre la montería, como es el caso de la obra “De arte venadi cum avibus” del emperador Federico II de Hohenstaufen (1194-1250), quien había tomado contacto con los halconeros árabes en su participación en la Sexta Cruzada en Jerusalén. Es un libro con abundantes miniaturas de halcones y sus aves de presas (Fotos nº 6-7-8-9). En el mundo árabe, en el siglo IX, el astrónomo y cetrero Muhammad ibn Addallah ibn al-Bazyar compuso la obra “Kitab al-yawarih”, mandada traducir por Alfonso X El Sabio por el año 1250, convirtiéndose en el primer tratado cinegético en lengua castellana, manuscrito nº 270 que se conserva en la Biblioteca Nacional de España, de extraordinaria belleza. (Fotos nº 10-11-12-13)
La cetrería por los elevados costes que suponía su práctica estaba reservada casi exclusivamente a las casas reales y nobiliarias, aunque una amplia gama de la sociedad participaba en todo el proceso (Fotos nº 15): rederos, halconeros, peones, vendedores de palomas y gallinas, boticarios, herbolarios, muleros, perreros, etc. Prueba de la importancia que la nobleza daba a estas aves y a la caza con ellas es el gran dispendio que hacían para adquirir y mantener dichas aves o los utensilios propios del arte que, a menudo, estaban elaborados con materiales preciosos. Tanto las aves como los útiles empleados en su manejo constituían un obsequio muy especial y, frecuentemente, una manera de sellar acuerdos. No obstante era un signo de alta distinción en la Edad Media reducido a las cortes reales y grandes señores, cuya ostentación y lujo fue prohibido a los jerarcas de la Iglesia, pues obispos, abades de monasterios y abadesas eran también grandes aficionados, e incluso algunos acudían a los oficios dominicales o principales de la Iglesia portando aves cazadoras en sus puños; esto era un auténtico “vicio” para el papado de Roma. Don Manuel, hermano de Alfonso X El Sabio tenía en Medellín unos 150 halcones y otros tantos en Sevilla, según se confiesa en la obra El Conde Lucanor. Al Cid Campeador dicen que sólo lloró en público una sóla vez: cuando fue desterrado de Valencia y no pudo llevarse a sus halcones. Muchos tratados de paz se firmaron con la entrega de halcones a modo de rehenes.
Menciones explícitas a la práctica de la cetrería por parte de personas de diferente condición las encontramos ya en algunos tratados de caza. Juan Manuel explica que las menos aves que el grant señor debe traer para fazer caça conplida deven seer dieziocho, ya que si non lo fazen, caçarían com[o] otro omne, mas non como pertenesçe caçar al grant señor. Y es que nobles y señores fueron un modelo a imitar por la sociedad. De este modo, si en un principio la posesión y la caza con aves ya fue, en sí misma, un signo de distinción social, al ir extendiéndose esta práctica en la sociedad en el intento de imitar a los grupos superiores, éstos debieron trasladar el signo de distinción al número de aves poseídas y a su diversidad, rareza y valor o al resto de elementos que rodeaban a las aves (utensilios decorados, etc.) y las partidas de caza. Algunas aves poseían características que las hacían accesibles a muchas más personas. Este sería el caso de los bornís, que tenían un valor económico muy inferior al de otros halcones más apreciados (neblís, baharís, gerifaltes) y que eran mucho menos delicados y costosos de mantener, por lo que estarían al alcance de gente de condición más modesta. En algunos territorios de la Corona de Aragón, en concreto en las islas Baleares, se ha podido documentar la posesión de halcones y la práctica de la cetrería por parte de personas de un nivel social menos elevado y resulta llamativo que en algún documento de la época se describa a los campesinos montando a caballo y portando halcones . Precisamente aquí se ha documentado la existencia de afaitadors de falcons, que adiestrarían por encargo las aves de diferentes cazadores que, quizá por su condición más modesta, no podrían mantener a su servicio varios halconeros para atender gran número de aves.
El hecho de que muchos aspectos relacionados con la cetrería y con las aves de caza fueran regulados por las leyes de la época, desde el siglo XIII, también apoya la idea de una mayor difusión social de esta actividad. El precio de las aves de caza, así como las condiciones y los tiempos en que éstas podían capturarse, el precio de los utensilios propios del arte, los periodos de veda y las zonas en que se podía cazar con aves eran habitualmente objeto de regulación, bien en Fueros, en legislación de Cortes o en ordenanzas municipales. A menudo, la caza con aves estaba sometida a menores restricciones en el tiempo y el espacio que otras modalidades cinegéticas. En Castilla, La Carta de Veda de la Tierra de Niebla, otorgada por Alfonso X en 1267, quizás la más antigua de Andalucía; el Fuero de Soria, El Fuero de Cáceres, las Cortes de 1252 de Sevilla, el Ordenamiento del Consejo de Burgos con penas como la pérdida de la mano derecha si coge huevos o saca de halcones de la ciudad y siendo reincidente la horca. Le siguen las Partidas de Alfonso X sobre el expolio de huevos y desnide de pollos sin plumas. En el siglo XV, será Juan II quién detallará jurídicamente todo lo concerniente a los dos tipos de caza. Aquí recomiendo la lectura de la obra de Torres Fontes, publicada en 1961 con el título de “El halconero y los halcones de Juan II de Castilla”. También en las Ordenanzas de Granada de 1527 establecen la veda total. O las de Ávila que obligaban a los carniceros tener y vender carne para las aves cazadoras. Y un larguísimo etcétera.
Aunque la cetrería era tan reducida en su práctica fue una actividad muy bien conocida por las poblaciones campesinas y humildes de las ciudades, hasta tal extremo que muchos sermones de los curas estaban basados en ejemplos de la práctica de la cetrería, cuyo mejor ejemplo lo tenemos en los famosos sermones y discursos de San Vicente Ferrer (1350-1419), dominico valenciano.
- Del Bosque de Las Rocinas al Coto de Doñana en la Edad Media.-
La conquista de Sevilla en 1248 y su posterior repoblación cristiana se detuvo por el sur hasta lo que hoy es el término de Villamanrique en sus antiguas y pequeñas aldeas de Mures y Gatos, dejando bajo control de la Niebla musulmana el actual término de Almonte y los antiguos cazaderos del Lomo del Grullo y Coto de Doñana, cazaderos conocidos en tiempos de Alfonso X simplemente como Bosque de Las Rocinas. El antiguo reino de Niebla, que se extendía desde el Algarve portugués hasta el Guadalquivir, pasó a manos castellanas en 1262 y quedó bajo control de la Corona Castellana.
La presencia real en estas tierras marismeñas del Bosque de las Rocinas se remontaba a la toma de Sevilla por Fernando III y al parecer por motivos cinegéticos de esta corte real, cuestión que se desprende del buen conocimiento que de estos términos tenían los monteros reales, plasmados en aquel Libro de la Montería que iniciara Alfonso X y culminara su biznieto Alfonso XI en 1350. Aunque en el repartimiento de Sevilla se le adjudicó a esta ciudad la Marisma Gallega, los terrenos conocidos por el Bosque de Las Rocinas, en términos de Hinojos y Almonte, de abundante caza mayor, se los reservó la Corona. Y en tiempos de Juan II de Castilla (1406-1454) se levantaría el primer edificio de mampostería, especie de palacio-fortaleza en el que fuera conocido por el Coto del Lomo del Grullo.
Otra intervención real en este espacio se produce en tiempos de los Reyes Católicos en noviembre de 1476, cuando mediante privilegio real dona a Esteban Pérez Cabitos el Caño y Madre que llamaban de Las Rocinas, que nacía en el Charco de los Ballesteros, términos de Rociana y Bonares y moría en el Guadalquivir, a través del Caño de Braynes, en el antiguo Coto de Doñana. Quedaba así definitivamente deslindado el Bosque de las Rocinas en dos partes, el cazadero real del Lomo del Grullo y el cazadero señorial que siguió conservando en topónimo de Bosque de Las Rocinas hasta mediados el siglo XVI en que empezó a conocerse por coto de Doña Ana. . Así como vemos en este plano de mediados del siglo XVIII quedaría deslindado el conocidísimo Coto de Doñana que permanecería como propiedad privada de la Casa de Medina Sidonia hasta su venta a un tercero en el año 1900. (Foto 23). Y tras varias delimitaciones establecidas por los reyes así quedaría deslindado el Cazadero Real del Lomo del Grullo hasta su venta a la familia Orleans-Montpensier en los años centrales del siglo XIX, y a partir de aquí se le conocerá por Coto del Rey o Palacio del Rey, cuyo lindero suroeste llegaría hasta el término de Almonte, arroyo de Santa María y aledaños de la ermita de Ntra. Sra. del Rocío.
- La presencia del halcón Neblí en tierras de Doñana.-
En el primer diccionario de la Lengua Española, el llamado Tesoro de la Lengua Castellana o Española, de Sebastián de Covarrubias Orozco, publicado en el año 1611, se dice del vocablo Neblí:
“Especie de halcón de mucha estima. Algunos quieren por esto se haya dicho cuasi nobli, por su nobleza. Otros dicen haber tomado nombre por la villa de Niebla, adonde se hallaron los primeros pájaros de esta ralea en tiempo del rey Bamba. Otros quieren se haya dicho cuasi nubuli, porque parece volar sobre las nubes. Tamarid le cuenta entre los nombres arábigos”.
En el segundo diccionario de la Lengua Española, conocido por el Diccionario de Autoridades, escrito, compuesto y editado por la recién creada Real Academia Española en 1726, destaca del vocablo Neblí:
“Especie de Halcón que se cría en el Norte. Tiene el plumaje pardo en sus principios, y en mudando, azul oscuro, de color de flor de endrina. El pecho blanco y lleno de pintas azuladas. El cuerpo es menor que el del Sacre, pero de mayor velocidad y aliento… Unos quieren se dícese cuasi Nobilis de su noble condición. Tamarid le pone entre las voces Arábigas. En España los llamamos Neblíes, por la noble condición que tienen en amansarse….”
En otro diccionario encontramos que quizás provenga del árabe-hispano “burní”, gentilicio de Hibernia, antiguo nombre de Irlanda.
En el diccionario actual de la Real Academia de la Lengua aparece “Nebí” y te envía al vocablo Neblí que lo describe sencillamente como un halcón con sus medidas y colores.
Ahora comprendemos mejor aquella tradición oral de considerar el vocablo neblí oriundo de Niebla, pero en el segundo diccionario y siguientes desaparece aquel origen geográfico y relaciona su nombre con el de “Noble”.
Veamos ahora que dicen del origen del halcón Neblí las fuentes bibliográficas de la época. En primer lugar vamos a hablar del Calendario de Córdoba o Libro de Yves Quaron, tratado que fue traducido del árabe al latín por el obispo mozárabe Recemondo en Córdoba en el año 961. De este libro no puedo mostrar imágenes al no localizar el original manuscrito del siglo X ni una traducción que efectuó en el siglo XIII el médico y astrónomo Gerardo de Cremona. En esta obra se describe cada día del año, de ahí su original nombre, las actividades agrícolas, los productos obtenidos, los animales y sus enfermedades, las posiciones astrales y estaciones, la salud humana, etc. Sobre los animales le dedica varios apartados a algunos que vivían en las marismas del Guadalquivir, entre ellos a las famosas yeguas marismeñas de las islas Menor y Mayor, de Lebrija y de Doñana. En este apartado, se describen algunos datos sobre la práctica de la cetrería en Al-andalus, entre ellas la época de migración y llegada a estas marismas de los halcones peregrinos Neblí y Baharí, época de cría, incubación y eclosión de los huevos, tiempo de emplume, temporada de caza y cuando se han de encerrar dichos halcones para la muda entre los meses de mayo a agosto. Información del siglo X en pleno Califato de Córdoba, el más brillante y cultural de la dominación musulmana en España, que nos confirma la llegada, presencia y cría de nuestro afamado halcón Neblí en las marismas de Doñana.
Y ahora vamos a centrarnos en una de las obras de cetrería española más importante que se conserva, cuyo autor fue el Canciller Pero o Pedro López de Ayala, escrita entre los años 1386 y 1387 estando preso en Portugal tras haber caído prisionero en la batalla de Alcubarrota contra nuestros vecinos. Manuscrito que utilizó el insigne naturalista Félix Rodríguez de la Fuente, uno de los mayores valedores de la cetrería española, para adiestrar halcones. Este manuscrito fue editado por primera vez en 1879 por José Gutiérrez de la Vega en la Biblioteca Venatoria, Tomo III. Y otra edición, más reciente, en 1969, por José Fradejas Lebrero en la editorial Castalia.
La obra contiene un Prólogo y 47 capítulos. En el Prólogo dedica esta obra a Don Gonzalo de Mena, Obispo de de Burgos, del que se declara amigo, humilde pariente, servidor y de quién aprendió en la caza de las aves: y dice que:
“como muchas veces recibí alegría y consuelo de vos en la caza de las aves, en la que os tuve siempre por maestro y señor”.
En otro párrafo, confiesa el motivo de escribir esta obra:
“Señor, en esta arte y ciencia de la caza de las aves oí y vi muchas dudas, así en el razonar sobre los plumajes y condiciones y naturalezas de las aves; como en domesticarlas y ordenarlas para tomar las presas que deben y también, para curarlas cuando adolecen y son heridas. De esto vi algunos escritos que razonaban sobre ello, pero no concordaban unos con otros; también vi a muchos cazadores conversar sobre esto, y cada uno tenía su opinión, y por esto acordé trabajar, por no estar ocioso, en poner en este pequeño libro todo aquello que hallé más cierto, así por los libros como por las opiniones de los cazadores, según la experiencia que, de este hecho de caza, probé y vi.”
También hace referencia a la importancia de la caza de las aves para los hombres por la salud corporal que le aporta el ejercicio físico y especialmente este para los reyes y príncipes; dice textualmente:
“Y por excusar estos daños, que vienen al alma y al cuerpo estando los ombres ociosos, procuraron aquellos que hubieron de criar hijos de los reyes y de los ríncipes y grandes señores, tenerlos, con todo su poder, guardados de estar ociosos, y que trabajasen e hiciesen ejercicio por sus personas y cuerpos en algunas cosas buenas y honestas, con que tomasen placer sin pecado, sirviéndose y aprovechándose de las cosas que Dios crió e hizo para servicio delchombre, según dicho es. Y entre los muchos modos que buscaron y hallaron para esto, vieron, también, que estaba bien que los señores y príncipes anduviesen, algunas horas del día, en la mañana y en las tardes, por los campos, y mudasen de aire e hiciesen con sus cuerpos ejercicio.”
Y, por último, declara que este arte de la caza con aves es el más apropiado para los reyes y nobles que el de la montería o caza mayor, pero sin nombrarla:
“Hay, también, otros bienes en la caza de las aves; una virtud que llama el filósofo en el cuarto libro de las Éticas, magnificencia que quiere decir grandeza
o hechos de grandes señores; porque noble cosa es, y grandeza a un señor, tener halcones y azores y aves de caza en su casa; porque teniéndolas como se debe, parecen muy bien en las casas de los grandes señores y lo mismo en el campo delante de ellos, cuando cabalgan y van a ver tal caza. Por ello procuraron tener la tal caza de aves.”
Con este último texto entramos y aprovechamos, haciendo un paréntesis, para situarnos en las dos corrientes que en este siglo XIV estaban en boga entre los teóricos y tratadistas de la caza: la cetrería y la montería. Para algunos de estos tratadistas, estaba muy relacionada la cetrería con la política y los estudios, porque aprendían de la paciencia y la astucia; mientras para otros la venatoria o montería formaba a los príncipes y nobles para la guerra con unos ejercicios físicos de persecución y muerte de unas piezas más peligrosas y rápidas como los ciervos, jabatos y osos. Alfonso X el Sabio y su hermano Don Manuel estaban entre los amantes de la cetrería, mientras que Alfonso XI se decantó por el arte de montear y ordenó redactar la obra más antigua y más completa de la Edad Media, el Libro de la Montería, en cuyo prólogo dejó escrito:
“Y por que nos tenemos que entre todas las cazas que pueden ser que la caza de los venados, que es la más noble, y la mayor y la más alta y la más caballerosa y de mayor placer, mandamos hacer este libro de todo lo que pertenece a ella”.
Volvamos a libro del Canciller Pedro López de Ayala. De los 47 capítulos de su libro, en el primero efectúa las dos grandes divisiones entre las aves: las que comen carne cazada por ellas, a las que considera las más nobles, y las que comen carne muerta que hallan; es decir, entre los azores, halcones, gavilanes, esmerejones y alcotanes y las de rapiña. En el segundo, de los plumajes de los halcones, deteniéndose ampliamente en su plumajes y naturaleza de estas aves, especialmente del halcón Neblí, al que considera “el más noble y gentil” de todas las aves de caza. Le sigue un capítulo a cada tipo de halcón: al baharí y tagarote, al gerifalte, al sacre, al borní y al alfaneque. El capítulo 8º está dedicado al halcón neblí y a como se debe regir y gobernar, finalizando este capítulo avisando de que quién maneje bien este halcón Neblí podrá gobernar otro cualquiera con destreza. Vuelve al autor a elevar la categoría del Neblí. Los siguientes 32 capítulos está dedicados a las enfermedades y accidentes de los halcones y modos de remediarlos. Continua el libro dedicando un capítulo individual a los azores, gavilanes, esmerejones y a los alcotanes, aves de caza comprendidas en las de vuelo bajo. Le sigue otro capítulo sobre las migraciones de las aves desde el norte de Europa al sur, narrando sus experiencias y largos viajes por tierra y mar. El penúltimo capítulo desgrana meticulosamente como injerir o soldar las plumas quebradas o rotas de los halcones. Finaliza con las recomendaciones de cosas y medicinas que debe llevar el cazador en sus partidas de caza con estas aves.
La verdad que esta obra es meritoria al ser realizada exclusivamente apoyándose en la memoria y experiencia de un hombre que además está preso en una cárcel y no disponía de ninguna biblioteca a mano; situación de la que hemos encontrado ninguna queja en aquellos tres de cautiverio de sus enemigos portugueses. (Javi coloca ahora la foto portada de la Conferencia)
La obra, en la que destaca sus conocimientos sobre los halcones y especialmente sobre el Neblí, nos ha permitido averiguar muchas cosas sobre este halcón altanero.
Nos dice el Canciller Pedro de Ayala, por orden de aparición el en texto:
“Y los halcones neblís en todas las tierras son llamados gentiles, que quiere
decir hijosdalgo, y en Castilla y en Portugal son llamados neblís, pero al comienzo fueron llamados nebis y con el tiempo corrompió este vocablo y
llámanlos neblís.
Y en Aragón y en Cataluña llámanlos peregrinos, por comparación de los
peregrinos y romeros que andan por todas las tierras y por todo el mundo, que
así son los halcones gentiles, o neblís o peregrinos, que todo el mundo andan y
atraviesan con su volar, partiendo de la tierra donde nacieron.”
“Debéis saber que los halcones neblís se crían y nacen en Alemania del
Norte, en una comarca que es llamada Suecia; también en Noruega y en Prusia. Allí los compran los mercaderes y los traen a las comarcas de Alemania, cuando vienen a Flandes, y traénlos a Brujas, y de aquí los llevan a todas las tierras: a París, a Bretaña, y a Hainaut e Inglaterra; y traen algunos a España, para los reyes y señores que se lo encomiendan a los mercaderes cuando van allá a Brujas.”
“Tómense muchos halcones neblís bravos en muchas partes del mundo, y en
muchos reinos, y vienen de la tierra y comarca donde se crían y nacen, con el
paso de las aves: sisones, palomas y otras aves de paso. Estos halcones, así
venidos, unos suelen capturarse muy jóvenes, en los meses de septiembre,
octubre, noviembre y diciembre.
A los halcones primeros que dijimos, tomados tan jóvenes, llámanlos en Francia halcones presos sobre el país, y en Castilla, a todos los halcones
tomados así -de cualquier plumaje que sean- llámanlos halcones zahareños o
arábigos.”
“En cuanto a Castilla, los mejores neblís que se capturan son los de las
rocinas, y en tierra de Sevilla; y también son muy buenos en Portugal los que se toman en el campo de Santarem. Todos estos halcones salen muy buenos,
porque se apresan muy lejos de la tierra donde nacen, ya que, según todos
piensan, vienen de Noruega y Prusia y Suecia y del confín de Alemania del
Norte, donde se criaron y nacieron, y vinieron con el paso de las aves, porque en España no existe nadie que haya hallado nido de halcón neblí. Son muy buenos, también, estos halcones capturados en las rocinas y cerca de las marismas, por cuanto se ceban, a diario, de aves de ribera.”
De este párrafo del texto destacar las citas a las Rocinas y tierra de Sevilla, y en las rocinas y marismas en clara alusión al paraje del actual espacio de Doñana donde se apresaban por los rederos, pues al parecer no anidaban en estas tierras. No obstante, parece no hablar de las rocinas en mayúscula, como en el libro de la Montería, sino de un espacio contiguo a las marismas; salvo que estemos ante el autor que dió a conocer nuestro espacio de Las Rocinas con mayúsculas. Sigamos, porque al final de la obra, en el folio 100 reitera la captura de estos halcones Neblís en las rocinas:
“No hay duda que muchos halcones son tomados en las rocinas y en el
campo de Santarem con el pelo blanco, con que nacieron, en la cabeza, y verás si han volado y atravesado desde tierra de Noruega aquí.”
Podemos concluir con certeza de la existencia y captura del Halcón Neblí en estas antiguas tierras de la Niebla árabe y de las castellanas y cristianas de Las Rocinas, citada en la gran obra castellana medieval del Libro de la Montería de Alfonso el Onceno:
“En tierra de Niebla ha una tierra que dizen de Las Rocinas, e es llana e es todo Sotos, e ha siempre hay puercos … e non se puede correr esta tierra si non en invierno muy seco, que non sea llovioso, e la razón porque ha muchos tremedales en invierno lluvioso, e en verano no es de correr porque es muy seca y muy dolentrosa. E señaladamente son los mejores sotos de correr cabo de una ecclesia que dizen Santa María de las Rocinas”
400 años después de este libro de la Montería, como este mapa de 1769 del paraje del Rocío, puede apreciarse aquel soto de enfrente de la ermita conocido por la Vera de la Marisma y los muchos tremedales o humedales del texto de la Montería, formado por las aguas de las playas del Rocío, el Caño y Madre de las Rocinas y la multitud de lagunas, charcos y lucíos que rodean la ermita.
- La cetrería en los manuscritos y la literatura española.-
La cetrería ha estado muy presente en lo que podemos llamar genéricamente literatura, sean manuscritos u obras impresas, lo que nos indica la importancia que la cetrería había alcanzado en la sociedad medieval como modelo de todo un arte y un modo de ser y practicar por los reyes, príncipes y nobleza en general, moda que el resto de las clases sociales, curas, militares, campesinos y comerciantes quisieron imitar dentro de sus posibilidades. Las virtudes, destrezas, bellezas y vuelos de las aves de caza eran alabadas por todas las gentes y formaba parte de la simbología religiosa, moral y política de aquella sociedad medieval y que fue en aumento en los siglos posteriores de la épocas Moderna y Contemporánea. Veamos algunos ejemplos.
En las famosas Cántigas a María, cuya redacción inició Alfonso X El Sabio en el año 1250, de las 11 composiciones en que el tema de la caza está presente, 6 están dedicadas a la cetrería donde se relatan algunos hechos acaecidos al propio Alfonso X, a su hermano Don Manuel y a otros caballeros cuando practicaban este deporte, mientras que las otras 5 donde se cita el oficio de montero y la montería no muestran ningún detalle de hechos acaecidos. Esta imagen muestra la iluminación de las miniaturas de la cántiga nº 142 donde se recoge al rey Alfonso X y su séquito en una partida cazando con aves a las garzas, donde un criado suyo al ir a coger el ave abatida en un río o laguna es tragado por las aguas y la Virgen María obra el milagro de salvarlo y poder entregar garza tomada al rey.
El otro ejemplo que quiero destacar es la obra de La Celestina de Fernando de Rojas publicada en el año 1500 y popularizada como la Tragicomedia de Calixto y Melibea, de gran influencia en muchas obras de distintos géneros literarios en el propio siglo XVI, hasta que fue prohibida en 1792.En esta obra la cetrería halconera está presente en todos sus capítulos, en el primero Calixto buscando a su halcón entra en el corral de Melibea donde se ven por primera vez. Hay incluso trabajos de investigación sobre este Ave Guía, el Amor de Altanería, la gran alegoría venatoria, la agresividad, los animales de caza, el ardid, la captura, el apetito carnal e incluso el amar es comer en la obra de La Celestina, donde el propio Calixto actúa como un halcón en su trance amoroso con Melibea.
En el siglo XVII nuestro afamado escritor moguereño Felipe Godínez escribió una obra titulada “Aves de noche alumbra el sol”, también con un argumento que entroniza con la cetrería.
Incluso Camilo José Cela en su Viaje Andaluz no deja pasar una cita con los halcones en su diálogo con el vagabundo al paso por el Condado onubense: “es ya el día muy alto, y el neblí, aún más alto, vuela pegado al aire. La gente piensa que neblí, que algunos dicen nebí, quiere decir nebleño. El vagabundo … creo que no.”
En nuestros días, el escritor Miguel de Palol publicó una obra titulada “Ibur Neblí” siguiendo la simbología medieval de la cetrería.
FIN.
A continuación hay 2 enlaces a Fotos relacionadas con el Documento.


Buen documento histórico de la cetrería y el aporte en el entorno de Doñana desde épocas inmemorables.
Gran descripción del término y origen del vocablo neblí como halcón de la Cocina.